13 curiosidades sobre “El hombre que mató a la luna” (y un poco sobre las demás)

Para mí es la canción más especial del disco…

  • Todo comenzó con el título… que está inspirado en la canción “The Man Who Sold The World” de David Bowie.
  • Si se escucha al revés con un poco de atención se pueden oír versos de Federico García Lorca. Están un poco ocultos… pero están ahí. Es lo último que grabamos. En el resto del disco también hay otros sonidos: el metro de Madrid, el metro de Nueva York, un mensaje S.O.S en código morse, calles vacías, ambulancias, etc.
  • La canción está dividida en dos partes (además de la introducción): la parte vocal y una segunda parte instrumental-progresiva mucho más diferenciada.
  • El motivo árabe de la parte instrumental es lo primero que compuse. Iba a ser originalmente la banda sonora de un cortometraje, pero con un tempo mucho más pausado, arreglos mucho más instrumentales y una instrumentación mucho más orientada a ese estilo de música. El corto nunca se hizo, claro está.
  • Ese mismo motivo árabe está presente en “Mentiras”. ¿Por qué? Porque junto “Sortilegio”, estas dos canciones forman parte de una especie de trilogía. Esta es la segunda que compuse. La primera fue “Sortilegio”. No tratan exactamente de lo mismo, es como si las tres formaran parte de la misma historia. Por eso el disco se llama como se llama. Y por eso cuando la gente me dice que le gusta “la de la Luna”, no sé cuál es.
  • El arpegio de la introducción también es de las primeras cosas que surgieron. Se me ocurrió mientras tocaba gilipolleces con la guitarra… la inspiración viene trabajando dicen por ahí. El resto de la introducción tiene pequeños guiños a la bulería y está inspirada en ‘Almoraima’, de Paco de Lucía. En la versión del disco es muchísimo menos evidente que en acústico.
  • La letra de la canción, a su vez, también tiene dos partes muy diferenciadas. Como en casi todas las canciones de este disco, utilizo mucho la segunda persona.. pero en la primera parte de la canción me dirijo a una persona y en la segunda parte me dirijo a otra. La primera parte es una nana. En la segunda parte la letra se dirige al hombre que mató a la luna. Los dos mensajes son mensajes opuestos, se contradicen entre sí. Ahí está la gracia.
  • Esta dualidad está presente en todo el disco.
  • La luna simboliza las (falsas) ilusiones, lo platónico, lo utópico, la inocencia y el (auto)engaño. En todas las canciones simboliza lo mismo.
  • No es una canción de amor. No en sentido estricto. Casi ninguna de las canciones del disco lo es, aunque nadie me crea.
  • Desde el primer momento estaba claro que esta era la canción que tenía que abrir el disco. Una locura comercialmente hablando. Porque la intro dura más de un minuto, o lo que es lo mismo, la canción tarda 1 minuto en arrancar, el estribillo no entra hasta pasados dos minutos… Es una canción rara… ¿Pero qué cojones? Eso es lo que hay.
  • Ha sido con diferencia la más difícil de grabar. Es una canción que funciona muy bien tanto en acústico como en eléctrico, se puede tocar de muy diferentes maneras con diferentes acentos y con diferente instrumentación. Y probablemente sea la canción más especial del disco. Por eso tiene la friolera de 80 y pico pistas. Probablemente tiene que ver más con la indecisión que con otra cosa.
  • Hay muchas canciones que directa o indirectamente me inspiraron… aunque no lo parezca: “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat, “Las hojas que ríen” de El Último de la Fila, “White Rabbit” de Jefferson Airplane, “Red Skies” de Omar Faruk, “Plug in Baby” de Muse, “Sirena Varada” de Héroes del Silencio, “Aire” de Mecano, “Dudar quizás” de Enrique Bunbury, “Abre la puerta” de Triana, “No sé qué hacer con mi vida” de Amaral, “El templo del adiós” de Mago de Oz, o “Jingo” de Santana.