Soundgarden: reviviendo el grunge

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El grunge está de vuelta. Tras los últimos trabajos discográficos de Alice In Chains y Stone Temple Pilots, el regreso de Soundgarden es un capítulo más en el revival del grunge. La banda ha iniciado su esperada gira de reencuentro y anuncia la grabación de un nuevo disco, 14 años después de su separación. Mientras Pearl Jam, los más longevos del movimiento, celebran su 20 aniversario con un tour mundial, el sonido Seattle resucita para hacer un poco de ruido. Esta semana repasamos las claves del último gran movimiento del rock’n’roll.

Cuando Soundgarden anunció su separación en 1997, el britpop arrasaba en las listas de ventas y el grunge empezaba a ser un recuerdo nostálgico. Las tensiones internas dentro del grupo, surgidas durante la grabación del álbum ‘Down On the Upside’, habían aumentado durante la gira y todo parecía indicar que se aproximaba el final de un ciclo. Los temores se confirmaron. El último concierto de la banda fue un auténtico desastre. Soundgarden aparecieron demasiado cabreados como para aguantar los fallos técnicos del directo y acabar la actuación. Poco quedaba de aquel grupo surgido en 1984 en medio de la boyante escena cultural de Seattle, una ciudad ni pequeña ni grande, situada al noroeste de Estados Unidos, donde hace demasiado frío para salir de fiesta día y noche. Un lugar que a principios de los noventa llegó a convertirse en la meca del rock’n’roll.

Hubo un tiempo en el que ser músico en Seattle era una verdadera putada. A principio de los ochenta las grandes bandas de rock no hacían parada allí. A los mánagers de los superventas ni se les pasaba por la cabeza viajar hasta aquel lugar perdido de la mano de Dios para contratar una actuación. En aquella época había poco más de dos clubs donde poder tocar tus propias canciones y lo normal era alquilar algún local polvoriento para tocar con tus amigos. Por su puesto, todos ellos eran también músicos. Tampoco había tiempo para delirios de grandeza. Ninguno de ellos soñaba con suculentos contratos discográficos ni con Ferraris aparcados en la puerta. La música era una válvula de escape para escapar de una ciudad donde no había nada mucho mejor que hacer que encerrarse en un sótano a hacer ruido.

En medio de ese ambiente, dos chavales llamados Chris Cornell e Hiro Yamamoto decidieron formar un grupo llamado The Shemps, germen de Soundgarden. No eran los únicos que habían tenido la misma idea. En aquel lugar algo empezaba a suceder y cada vez se organizaban más conciertos a nivel underground. Los grupos de punk y heavy metal coexistían pacíficamente. En Seattle todo el mundo se conocía. A diferencia de otras ciudades, aquel sitio era demasiado pequeño como para que unos y otros se enzarzaran en rivalidades. No existía la idea de la competencia feroz entre bandas. En cierto modo, el nacimiento del movimiento grunge se debe a una endogamia musical en los grupos de la zona. Esta fusión natural de influencias terminó desarrollando un estilo propio; un estilo ruidoso, extremo y único surgido entre discos de Kiss y Black Sabbath, con una marcada actitud punk. No en vano, la música grunge huía de la sobreproducción de las superbandas de rock de estadio. Allí no había lugar para parafernalias, sintetizadores, luces, pirotecnia y solos de guitarras interminables. Los músicos de Seattle buscaban la autenticidad en el ruido de las canciones. Y un nuevo movimiento musical empezó a crecer como la espuma.

Al igual que el resto de las bandas de la ciudad, los integrantes de Soundgarden tenían claro que ninguna gran discográfica iba a ir a Seattle con un cheque de un millón de dólares en el bolsillo para que una banda de nerds alcohólicos y ruidosos se pusieran a grabar un disco. Así que, más por amor al arte que por ambición, algunos optaron por la producción independiente. Entre ellos Chris Hanzsek y Tina Casale, que en 1985, después de fundar el sello C/Z Records, editaron un recopilatorio con algunas bandas de aquella especie de punk rock que triunfaba en la ciudad. Soundgarden participaron con tres canciones.

Después de aquello, el grupo acabó fichando por la discográfica Sub Pop con la ayuda del  periodista Jonathan Poneman, que logró que la discográfica financiara el primer EP del grupo,Screaming Life’, publicado en 1987. Gracias a la cabezonería de sus fundadores Bruce Pavitt y Jonathan Poneman, Sub Pop se estaba convirtiendo en el estandarte del sonido Seattle. En una inteligente maniobra de relaciones públicas, la discográfica consolidó el movimiento grunge tras conseguir un amplio reportaje en la prestigiosa revista musical inglesa Melody Maker, ya desaparecida. El artículo llegó a calar en el público independiente británico y aquel fue el pistoletazo de partida del apogeo del grunge en los medios; un pistoletazo del que acabaron beneficiándose todas las bandas de la ciudad.

La escena de Seattle era ya colosal por aquel entonces. Soundgarden publicó en 1988 su primer LP Ultramega’ OK en la discográfica independiente SST Records y lograron una nominación a los Grammy. Un año después, el grupo llegó a la multinacional A&M Records y lanzó el disco Louder than Love’, una compilación de 12 canciones donde enseñaban las garras y los dientes. Algunos de los seguidores del grupo no entendieron este salto a los brazos de la industria musical. Pero, inevitablemente, su popularidad aumentó con el nuevo contrato. Mientras tanto, el movimiento musical de Seattle estaba llegando a un punto de no retorno: todo aquello o bien se acabaría apagando de repente como una cerilla, o alguna chispa provocaría el gran incendio.

Y de pronto, llegó una banda llamada Nirvana.

Después de grabar un primer disco bajo el calor de Sub Pop, Nirvana habían editado el disco ‘Nevermind’ en otoño de 1991. La canción ‘Smeell Like Ten Spirit’ sacudió las emisoras de FM y su videoclip fue emitido hasta la saciedad en la cadena MTV. De pronto, el grunge, el sonido de Seattle, acaparó la atención de todo el mundo. Aquel nuevo sonido daba de pleno en el blanco. Conectaba con el sentimiento de rabia y desencanto de una generación de jóvenes frustrados y aparentemente sin rumbo. Era el regreso del no future del punk con alguna que otra dosis extra de tormento melancólico.

Aquel éxito repentino coincidió con la salida al mercado del tercer disco de Soundgarden, ‘Badmotorfinger’. De repente, Seattle se había convertido en el epicentro del rock’n’roll. Las grandes discográficas empezaron a rifarse a los grupos del movimiento grunge, o de lo que ellos creían que debía ser el movimiento grunge. Algunas de ellos no habían pisado un escenario en su vida. Otros como Pearl Jam estaban formadas por veteranos de la escena de Seattle. Sin embargo, la ambición por exprimir al máximo la gallina de los huevos de oro, provocó que muchas grandes bandas alejadas de los estereotipos del sonido grunge quedaran relegadas a un segundo o tercer plano. La industria musical y los medios querían un determinado sonido, con una determinada actitud. Por supuesto, Soundgarden estaban incluidos en el lote.

El grupo se encontró de pleno con el estrellato. La oportuna censura de su canción ‘Jesus Christ Pose’ por parte de la MTV no hizo más que aumentar su popularidad. Telonearon a Guns N’ Roses y acabaron apareciendo en la película ‘Singles’, ambientada en la escena cultural de Seattle. Por su parte, el eventual proyecto paralelo de Chris Cornell, Temple of the Dog (en homenaje al desaparecido vocalista Andrew Wood), alcanzó una notable repercusión en beneficio del grupo.

En pleno éxtasis, el grunge había llegado al gran público distorsionado por los medios y la industria, que se esforzaban en presentar un estilo homogéneo, lejos de su verdadera riqueza y vitalidad. Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains, Stone Temple Pilots y Soundgarden, tan sólo eran la punta de un iceberg demasiado grande, o quizá demasiado difícil de entender para ser adsorbido por el mercado discográfico. La industria de la moda lanzaba una falsa moda grunge. El mismísimo New York Times publicaba una supuesta jerga grunge en un artículo. Seattle y su movimiento eran el centro de atención.

Entre tanto, Soundgarden lanzaron al mercado su disco definitivo, ‘Superunknown’, donde se acercaban de lleno a la psicodelia y dejaban un poco de lado el hard rock. El disco fue un éxito rotundo; la obra por la que siempre se les recordará. Sin embargo, de alguna forma, aquella primavera de 1994 supuso el principio del fin. Apenas un mes después del lanzamiento, Kurt Cobain, líder de Nirvana, fue hallado muerto de un disparo en la cabeza a la edad de los 27 años y su figura fue elevada a la categoría de mito. El grunge seguía reinando, pero ya empezaba a mostrar síntomas de decadencia.

Los problemas para Soundgarden comenzaron precisamente durante la gira de ‘Superunknown’. Chris Cornell tuvo que dejar de cantar por un tiempo a causa de una lesión en las cuerdas vocales. Algunos conciertos fueron suspendidos. Cuando el grupo volvió a entrar en el estudio para grabar ‘Down On the Upside’ la convivencia se había vuelto complicada. Estaban buscando un cambio de rumbo musical, pero cada uno tenía una idea preconcebida de cómo debía ser ese cambio. Las diferencias entre el cantante y el guitarrista Kim Thayil afloraron. Tras la publicación del disco, y después de emprender una gira demasiado tensa, Soundgarden terminaron separándose en 1997. Todos sus integrantes se centraron en otros proyectos.

El grunge estuvo representado para las generaciones posteriores por el recuerdo de Nirvana y por la sólida carrera desarrollada por Pearl Jam, grupo que ha seguido creciendo y evolucionando musicalmente, y donde el batería de Soundgarden Matt Cameron acabó incorporándose en 1998. Curiosamente, el apogeo del grunge fue sustituido a mediados de los noventa por el primer gran revival de la historia, el britpop, representado por Oasis y Blur, dos grupos bastante influenciados por el pop rock de los años sesenta y muy alejados de los estereotipos del movimiento grunge. Chris Cornell, por su parte, unió sus fuerzas a los ex Rage Against The Machine Tom Morello, Tim Commerford y Brad Wilk para formar Audioslave, una de las bandas más interesantes del rock americano de la pasada década.

Ahora, 17 años después de la muerte de Kurt Cobain y 14 años después de la separación de Soundgarden, la música grunge vuelve a los escenarios. Ya se sabe, la nostalgia vende entradas de conciertos. Después de una década de fusiones musicales, rescates y regresos ochenteros, le toca el turno al revival de los noventa. Una buena excusa para recordar otros tiempos donde el rock’n’roll inundaba las radiofórmulas, pero quizá una mala señal para los que esperan la llegada de una generación de grupos cargados de nuevas ideas que renueve un panorama musical estancado en su pasado.

DAVID ANDRÉS MARTÍN
Thriller Magazine

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